El mes de enero de 2026 quedará registrado como el más seco de los últimos 60 años en el noreste de la provincia de Buenos Aires, encendiendo señales de alerta en el sector agropecuario por el fuerte impacto sobre los cultivos de verano.
De acuerdo con datos del Observatorio Meteorológico de la Estación Experimental Agropecuaria INTA San Pedro, durante todo el mes se registraron apenas 10,6 milímetros de precipitaciones, un valor que se ubica muy por debajo del promedio histórico de 117,9 milímetros para este período.
Este registro no solo marcó una diferencia significativa con los valores habituales, sino que además superó negativamente todos los antecedentes desde el inicio de las mediciones locales en 1965, consolidándose como un nuevo mínimo histórico de lluvias.
Hasta el momento, los eneros más secos habían sido los de 1985, con 17,2 milímetros; 1965, con 24,7; y 2025, con 26,5 milímetros. Sin embargo, el acumulado de 2026 se ubicó muy por debajo de esos parámetros, profundizando el escenario de sequía extrema.
La situación no se limitó a San Pedro. A nivel regional, los datos de la Red Colaborativa de Lluvias del noreste bonaerense, integrada por productores e instituciones, reflejaron un panorama similar. En varias localidades, los registros fueron incluso inferiores a los informados por el INTA, confirmando un déficit hídrico generalizado.
Este faltante de precipitaciones se produjo en una etapa clave para los cultivos de soja y maíz, cuando la demanda de agua alcanza sus niveles más altos, lo que incrementa el riesgo de pérdidas en los rendimientos y afecta la rentabilidad del sector.
El comportamiento de las lluvias, junto con variables como temperatura, humedad y viento, forma parte del Informe Meteorológico Mensual elaborado por el organismo, que analiza en detalle las consecuencias de este enero atípico.
Con perfiles de suelo ajustados y pronósticos aún inestables, el escenario plantea un importante desafío para la campaña agrícola 2026. En este contexto, cada milímetro de lluvia resulta determinante para sostener las reservas hídricas y garantizar el normal desarrollo de los cultivos.












