La decisión de China de suspender las exportaciones del frigorífico ArreBeef S.A. encendió las alarmas en el norte del partido de Ramallo, donde la planta ubicada en Pérez Millán cumple un rol clave en la economía local.
La medida fue adoptada tras detectarse residuos de cloranfenicol en un embarque, lo que derivó en que la empresa figure con estatus de “importación suspendida” en los registros sanitarios chinos. Este escenario se da en un contexto de mayores controles sanitarios sobre la carne vacuna que ingresa a ese mercado.
Actualmente, China es el principal destino de las exportaciones de carne argentina, por lo que cualquier restricción impacta de forma directa en la industria frigorífica. En el caso del establecimiento, cerca del 70% de su producción tiene como destino ese mercado, lo que profundiza la incertidumbre ante este escenario.
El parate productivo se suma a un contexto ya complejo, marcado por la menor oferta ganadera y la fuerte dependencia del mercado asiático. En las últimas semanas, el frigorífico había avanzado con la suspensión de alrededor de 400 trabajadores, en su mayoría bajo modalidad temporal, y se venían registrando reincorporaciones a cuentagotas, con grandes expectativas para las próximas semanas. Sin embargo, este nuevo escenario modifica por completo esas perspectivas y agrava el impacto en el empleo local.
Para Pérez Millán y localidades cercanas, ArreBeef representa una de las principales fuentes de empleo directo e indirecto. Cada interrupción en su actividad repercute en el comercio, los servicios y el entramado social. Transportistas, proveedores y pequeños negocios también se ven afectados por una cadena productiva que comienza a desacelerarse.
En cuanto a la operatoria comercial, desde la empresa señalaron que los embarques ya realizados continúan su curso normal y que esperan cobrar la mercadería enviada. Además, confirmaron que trabajan junto a organismos sanitarios argentinos para revertir la suspensión en el corto plazo.
Sin embargo, desde el sector advierten que China viene endureciendo sus exigencias, lo que obliga a reforzar los controles sanitarios en toda la cadena productiva. El cumplimiento de los protocolos y los períodos de carencia de medicamentos veterinarios aparece como un punto crítico para sostener la habilitación exportadora.
Mientras tanto, en el plano local crece la preocupación. La paralización no solo afecta la actividad industrial, sino que también tensiona el empleo en una región donde el frigorífico funciona como un verdadero motor económico. A la espera de una pronta resolución, la comunidad sigue de cerca la evolución de un conflicto que trasciende lo sanitario y golpea de lleno en la realidad cotidiana.












